El Cens Nº 80 es una escuela secundaria para adultos, pública y gratuita, de tres años de duración, perteneciente al Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
En ella pueden iniciar o completar sus estudios secundarios los mayores de 18 años.
Ubicado en Alsina 1825, 7º piso, en pleno barrio de Congreso, junto al CeCap, el Centro de Capacitación de nuestra entidad conveniante, el H. Senado de la Nación.
Dicta clases en el turno tarde.
Su especialidad es Perito en Administración Legislativa, y otorga títulos oficiales que permiten a los egresados continuar estudios de nivel superior.
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miércoles, 21 de octubre de 2015

EDIPO, EL MITO Y EL COMPLEJO

El Complejo de Edipo de Freud y el mito del Rey de Tebas     
  por Mauro Gago
No es de extrañar que la gran mayoría ha oído hablar del Complejo de Edipo, piedra fundamental de la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud. Tampoco es raro, asimismo, que otra gran mayoría atesore dentro de su acervo cultural el discernimiento de que ese tal Edipo mató a su padre para casarse con su madre. Sin embargo, este reduccionismo pedagógico revela cómo el mito se fue tergiversando con el correr de los siglos, ya que precisamente el tiempo y el consecuente deterioro de la tradición han puesto a Edipo en el sillón de los acusados, como si la contingencia de su tragedia hubiese sido transformada y considerada un acto premeditado y deliberado. Tal es así que hasta el propio Freud retomó el mito en forma negativa para explicar su teoría. Pero vayamos primero a comentar muy por encima la teoría del Complejo de Edipo del neurólogo austríaco.
Freud desarrolló su teoría del Complejo de Edipo basándose en el mito del rey de Tebas, descrito en una de las tragedias de Sófocles.
En Freud, el Complejo de Edipo designa la primera pulsión sexual que el niño o la niña experimentan inconscientemente para con su progenitor del sexo opuesto y el deseo, también inconsciente, de eliminar a su progenitor del mismo sexo. A estos sentimientos de “amor incestuoso” y posterior “parricidio” (que se dan en los niños de3 a6 años), Freud los intenta graficar con la tragedia escrita por Sófocles, dónde se especifica el funesto destino de Edipo que ya conocemos. Dicho Complejo se termina con el período de Castración, en dónde el padre (en el caso de los niños) le ordena a su hijo que se busque otra mujer porque su madre ya es de su propiedad.

Ahora bien, explicada de manera muy entusiasta la teoría freudiana, pasemos a lo que nos compete, que es la verdadera historia de Edipo.
Edipo era hijo de Layo, rey de Tebas, y de Yocasta. Al nacer, un oráculo vaticinó a los progenitores que el niño (aun sin nombre) iba a matar a su padre y a casarse con su madre, por lo que ambos tomaron la triste decisión de deshacerse del infante y ordenaron a un sirviente del reino que lleve al niño a un descampado y lo asesine. En consecuencia, el asistente emprendió su viaje con la criatura, pero llegado el momento de darle muerte, se enterneció y sólo atinó a dejarlo abandonado en un terreno retirado. Más tarde, un pastor que pasaba por allí al haber extraviado a una de sus ovejas, oyó el llanto del niño y descubrió el inesperado souvenir. El hombre lo llevó a su reino de Corinto y entregó el bebé a los reyes, quienes al ver las ronchas que tenía en sus pies lo llamaron Edipo (que significa “el de pies hinchados”) y lo adoptaron.

Lo cierto es que Edipo adquirió un amor extremo por sus padres adoptivos y creció sin saber su verdadera identidad. La felicidad que había encontrado pronto cambió abruptamente cuando un oráculo le reveló su trágico destino. Apesadumbrado, decidió fugarse del reino de Corinto para evitar semejante crimen, sin saber que en su afán de huir de él, no hacía más que acercarse a su desgracia. En efecto, en su camino se encontró en una encrucijada con dos hombres bien vestidos que venían a caballo. Uno de ellos le exigió de mala manera que cediera el paso y, ante la negativa de Edipo, mató a su caballo. Nuestro héroe, inflamado de ira, asesinó en la trifulca al verdugo de su animal y también al otro hombre, sin saber que éste último era Layo, el rey de Tebas y su padre.

Edipo prosiguió su camino, en el que se encontró con la Esfinge, un monstruo con cuerpo de león, cara de mujer y alas de águila. El engendro lapidaba a todo aquél que no respondía correctamente a su acertijo, lo que mantenía afligidos y atemorizados a los tebanos. Para poder avanzar, Edipo se vio obligado a enfrentarla y aceptó el reto. De esta manera, ante la pregunta de cuál era el animal que caminaba primero con cuatro patas, después con dos y por último con tres, respondió resueltamente: el hombre, que en su primera etapa se traslada gateando, en la segunda caminando normalmente y en la tercera ayudado por un bastón. La Esfinge, ofuscada y furiosa, no cumplió con su promesa y sometió a Edipo a otra adivinanza: Son ellas hermanas pero una engendra a la otra y al mismo tiempo es engendrada por la primera. ¿De quién se trata?, le inquirió. Edipo, sin dudar, respondió de forma acertada que se trataba del día y de la noche, con lo cual la Esfinge, burlada y humillada, se lanzó de un monte, dándose muerte.
Edipo enfrenta a la Esfinge, el monstruo que mataba a todos los tebanos que no acertaban su adivinanza.
Al enterarse los tebanos de la muerte del horrendo animal, agasajaron a Edipo por liberarlos del mal que había aquejado a varias generaciones, nombrándolo rey y cediéndole como esposa a Yocasta. Sin embargo, los males para los tebanos no terminarían allí, ya que al poco tiempo una peste atacó a la ciudad y provocó innumerables muertes. Consultado el adivino Tiresias, el anciano respondió que los males no se irían de Tebas hasta que no se descubra al autor del asesinato de Layo. Fue así como el rey Edipo inició una investigación, prometiendo que al autor se le dictaría la pena del destierro. La indagación fue avanzando y avanzando, hasta que finalmente se descubrió que el verdugo era, ciertamente, el propio Edipo. Los tebanos no podían salir de su asombro pero lo peor estaba por venir: Tiresias, al ver el cadáver de Layo y el rostro de Edipo, reveló que éste era hijo del difunto rey y que se había casado con su madre. Edipo recordó en ese instante lo que había avizorado el Oráculo y se aguijoneó los ojos por su aciago destino, quedando ciego. Por su parte, Yocasta se suicidó estrangulándose, presa de la locura. Dentro de los infortunios vividos, madre e hijo dejaron cuatro descendientes: Polinicies, Etéocles, Ismene y Antígona, quienes serán los protagonistas de Los 7 contra Tebas, pero esa ya es otra historia…Edipo se aguijonea los ojos al descubrir que ha matado a su padre y se ha casado con su madre.
¡Pobre Edipo! Nunca imaginó que además de padecer su tragedia, debía soportar la condena post mortem de las sociedades venideras, incluso la de un austríaco barbudo que decía ser el padre del psicoanálisis…

Hay veces en las que cuando uno pretende alejarse de su destino, no hace otra cosa que adosarse y someterse más a él.

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EDIPO-FALO-CASTRACION   por  Alejandra Loray





FÍSICA - 2º - MOVIMIENTO


viernes, 7 de agosto de 2015

El gran juego de Leopoldo Marechal - 26 de agosto

Leopoldo Marechal       Adán Buenosayres

A mis camaradas «martinfierristas», vivos y muertos,
cada uno de los cuales bien pudo ser un héroe
de esta limpia y entusiasmada historia
PRÓLOGO INDISPENSABLE

En cierta mañana de octubre de 192., casi a mediodía, seis hombres nos internábamos en el Cementerio del Oeste, llevando a pulso un ataúd de modesta factura (cuatro tablitas frágiles) cuya levedad era tanta, que nos parecía llevar en su interior, no la vencida carne de un hombre muerto, sino la materia sutil de un poema concluido. El astrólogo Schultze y yo empuñábamos las dos manijas de la cabecera, Franky Amundsen y Del Solar habían tomado las de los pies: al frente avanzaba Luis Pereda, fortachón y bamboleante como un jabalí ciego; detrás iba Samuel Tesler, exhibiendo un gran rosario de cuentas negras que manoseaba con ostentosa devoción. La primavera reía sobre las tumbas, cantaba en el buche de los pájaros, ardía en los retoños vegetales, proclamaba entre cruces y epitafios su jubilosa incredulidad acerca de la muerte. Y no había lágrimas en nuestros ojos ni pesadumbre alguna en nuestros corazones; porque dentro de aquel ataúd sencillo (cuatro tablitas frágiles) nos parecía llevar, no la pesada carne de un hombre muerto, sino la materia leve de un poema concluido. Llegamos a la fosa recién abierta: el ataúd fue bajado hasta el fondo. Redoblaron primero sobre la caja los terrones amigos, y a continuación las paladas brutales de los sepultureros. Arrodillado sobre la tierra gorda, Samuel Tesler oró un instante con orgulloso impudor, mientras que los enterradores aseguraban en la cabecera de la tumba una cruz de metal en cuyo negro corazón de hojalata se leía lo siguiente:
ADÁN BUENOSAYRES
R. I. P.
Luego regresamos todos a la Ciudad de la Yegua Tobiana.
Consagré los días que siguieron a la lectura de los dos manuscritos que Adán Buenosayres me había confiado en la hora de su muerte, a saber: el Cuaderno de Tapas Azules y el Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia. Aquellos dos trabajos me parecieron tan fuera de lo común, que resolví darlos a la estampa, en la seguridad de que se abrirían un camino de honor en nuestra literatura. Pero advertí más tarde que aquellas páginas curiosas no lograrían del público una intelección cabal, si no las acompañaba un retrato de su autor y protagonista. Me di entonces a planear una semblanza de Adán Buenosayres: a la idea originaria de ofrecer un retrato inmóvil sucedió la de presentar a mi amigo en función de vida; y cuanto más evocaba yo su extraordinario carácter, las figuras de sus compañeros de gesta, y sobre todo las acciones memorables de que fui testigo en aquellos días, tanto más se agrandaban ante mis ojos las posibilidades novelescas del asunto. Mi plan se concretó al fin en cinco libros, donde presentaría yo a mi Adán Buenosayres desde su despertar metafísico en el número 303 de la calle Monte Egmont, hasta la medianoche del siguiente día, en que ángeles y demonios pelearon por su alma en Villa Crespo, frente a la  iglesia de San Bernardo, ante la figura inmóvil del Cristo de la Mano Rota. Luego transcribiría yo el Cuaderno de Tapas Azules y el Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia, como sexto y séptimo libros de mi Relato.
 Las primeras páginas de esta obra fueron escritas en París, en el invierno de 1930. Una honda crisis espiritual me sustrajo después, no sólo a los afanes de la literatura, sino a todo linaje de acción. Afortunadamente, y muy a tiempo, advertí yo que no estaba llamado al difícil camino de los perfectos. Entonces, para humillar el orgullo de ciertas ambiciones que confieso haber sustentado, retomé las viejas páginas de mi Adán Buenosayres y las proseguí, bien que desganadamente y con el ánimo de quien cumple un gesto penitencial. Y como la penitencia trae a veces frutos inesperados, volví a cobrar por mi obra un interés que se mantuvo hasta el fin, pese a las contrariedades y desgracias que demoraron su ejecución.
La publico ahora, vacilando aún entre mis temores y mis esperanzas. Antes de acabar este prólogo, debo advertir a mi lector que todos los recursos  novelescos de la obra, por extraños que tal vez le resulten algunos, se ordenan rigurosamente a la presentación de un Adán Buenosayres exacto, y no a  intentos de originalidad literaria. Por otra parte, fácil ha de serle comprobar que, tanto en la cuerda poética como en la humorística, he seguido fielmente la tónica de Adán Buenosayres en su Cuaderno y en su Viaje.
Y una observación final: podría suceder que alguno de mis lectores identificara a ciertos personajes de la obra, o se reconociera él mismo en alguno de ellos. En tal caso, no afirmaré yo hipócritamente que se trata de un parecido casual, sino que afrontaré las consecuencias: bien sé yo que, sea cual fuere la posición que ocupan en el Infierno de Schultze o los gestos que cumplen en mis cinco libros, todos los personajes de este relato levantan una «estatura heroica»; y no ignoro que, si algunos visten el traje de lo ridículo, lo hacen graciosamente y sin deshonor, en virtud de aquel «humorismo angélico» (así lo llamó Adán Buenosayres) gracias al cual también la sátira puede ser una forma de la caridad, si se dirige a los humanos con la sonrisa que tal vez los ángeles esbozan ante la locura de los hombres.
L.M.

¿QUÉ ES UN MARTINFIERRISTA?
¿QUÉ ES EL Adán Buenosayres?



Adán Buenosayres  
 Es una de las máximas novelas de la literatura argentina. Fue publicada el 30 de agosto de 1948, aunque los primeros capítulos datan del segundo viaje a Europa de Marechal. El escritor señala que lo comenzó en 1930.
El objetivo primordial fue el de confeccionar una novela contemporánea según las leyes de la epopeya clásica, ámbito en el que el autor poseía gran dominio.
El relato se divide en siete partes o «libros», según la terminología del autor: los cinco primeros están narrados en tercera persona y describen las peripecias de Adán Buenosayres en el lapso comprendido entre un jueves santo y un domingo de resurrección transcurridos desde el 27 hasta el 29 de abril de un año indeterminado sobre la década de 1920. Esta ubicación temporal resulta muy significativa porque el argumento gira en torno al proceso interior del personaje cuando, deambulando por las calles de Villa Crespo se encuentra con la Iglesia de San Bernardo y, con el Cristo de la Mano Rota, eje del mundo que remueve sus cimientos interiores y lo impulsa a buscar el Absoluto. Los libros VI («El Cuaderno de Tapas Azules») y VII («Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia»), en cambio, funcionan como apéndices y están contados en primera persona por el personaje central, el poeta Adán Buenosayres, claro alter ego del autor, como si fuesen obras suyas.

Antigona Velez
Marechal veía al teatro como la única forma literaria social, no unipersonal, ya que en el proceso de una representación intervienen actores, director, escenógrafos, etc. También consideraba, con criterio aristotélico, que todos los géneros literarios son parcelas de la poesía. El teatro es, pues, poesía dramática, aunque se escriba en prosa. Asimismo le complacía la concepción clásica del teatro como reflexión sobre un mito por todos  conocido. Eso explica la génesis de Antígona y del Don Juan.
Marechal sitúa su Antígona en un escenario bien definido: una casa en la pampa, último baluarte en la frontera sur, durante la conquista del desierto, cuando indios y blancos disputaban el derecho al territorio y a la supervivencia. La inserción del mito en estas coordinadas espacio-temporales constituye un acierto, porque la soledad, la frecuentación de la muerte, la dureza de las condiciones de vida, permiten el afloramiento de situaciones límites, donde la tragedia puede desarrollarse.

El relato comienza cuando Ignacio Vélez hermano de Antígona deserta de la civilización y se une a los indígenas. En la contienda, mueren ambos hermanos Ignacio y Martín Vélez. 
Antígona reconoce la acción innoble de su hermano, Ignacio Vélez, y sabe que con su muerte ya ha sido castigado. No se opone a ella ni se rebela. No es contra la ley del hombre contra la que lucha, sino contra el edicto del hombre que afrenta a lo divino. Es esa “ley más vieja” la que Antígona quiere hacer respetar, la ley divina y dice a su hermana Carmen: “La tierra lo esconde todo. Por eso Dios manda enterrar a los muertos, para que la tierra cubra y disimule tanta pena”. 
Antígona (de Sófocles) era la hija de Epido y Yocasta y hermana de Ismene, de Eteocles y de Polinices. Antígona acompañó a su padre cuando éste, al descubrir el crimen y el incesto que había cometido, partió hacia el exilio después de arrancarse los ojos.

lunes, 23 de marzo de 2015

Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia


Resultado de imagen para 24 de marzo

El 24 de marzo de 1976, en la Argentina hubo un golpe de Estado que tomó el gobierno por la fuerza e instauró una dictadura cívico militar que duró hasta 1983. Durante la dictadura, las sucesivas juntas militares que ejercieron el gobierno de facto tomaron medidas políticas, económicas, sociales y culturales que afectaron fuertemente a nuestra sociedad, con muchas consecuencias que perduraron en el tiempo. Se dejaron de lado la Constitución nacional y las instituciones de la democracia, y esto significó que tampoco se respetaron los derechos de los ciudadanos.

Cuando las Fuerzas Armadas derrocaron a la entonces presidenta María Estela Martínez de Perón, disolvieron el Congreso Nacional, prohibieron los partidos políticos y destituyeron a la Corte Suprema. La dictadura ejerció el terrorismo de Estado a través de la represión, la persecución, los asesinatos, la desaparición de personas y la apropiación de menores, con el objetivo de generar miedo, aislamiento y así controlar a la población. Es importante señalar que la mayoría de los desaparecidos fueron militantes, trabajadores y estudiantes. En ese marco, se intervinieron los sindicatos y se suspendieron los derechos de los trabajadores.
Las políticas económicas tendieron a la destrucción de la industria nacional y a promover la importación de productos hechos en el exterior. Esto implicó que miles de trabajadores perdieran su trabajo y que bajaran los salarios, por lo que muchas personas pasaron a ser pobres. También, la dictadura pidió préstamos al exterior y como consecuencia aumentó la deuda externa del país, que en esos años creció enormemente. Al mismo tiempo, el Estado dejó de invertir en salud, educación y vivienda y esto empeoró las condiciones de vida de amplios sectores de la población.

En el ámbito social y cultural, hubo una fuerte censura en la prensa y además se prohibieron libros, canciones, obras de teatro y expresiones culturales contrarias al gobierno. Al mismo tiempo, algunos de los medios de comunicación más importantes fueron cómplices del gobierno militar, apoyándolo a través de la propaganda y ocultando crímenes que cometía el terrorismo de Estado.
espués de siete años de dictadura, la presión internacional, la demanda popular y el desgaste político de los grupos gobernantes, profundizado por la derrota en la guerra de Malvinas en 1982, derivaron en el llamado a elecciones nacionales. El 10 de diciembre de 1983, Raúl Alfonsín asumió como presidente constitucional de la Argentina y la Plaza de Mayo se llenó de gente que fue a festejar la vuelta de la democracia. 
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Hace más de 30 años que en la Argentina vivimos en democracia sin interrupciones. La democracia se construye entre todos, y todos los días. Tenemos que cuidarla y defenderla porque dentro de la democracia se respetan nuestros derechos y hay mayores grados de justicia y libertad. Para esto es importante construir una memoria reflexiva sobre la última dictadura militar. Reflexionar sobre estos aspectos es clave para comprender el presente y ver qué podemos hacer para que cada vez la sociedad sea más justa e igualitaria.
Perez Esquivel y Madres de Plaza de Mayo