El Cens Nº 80 es una escuela secundaria para adultos, pública y gratuita, de tres años de duración, perteneciente al Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
En ella pueden iniciar o completar sus estudios secundarios los mayores de 18 años.
Ubicado en Alsina 1825, 7º piso, en pleno barrio de Congreso, junto al CeCap, el Centro de Capacitación de nuestra entidad conveniante, el H. Senado de la Nación.
Dicta clases en el turno tarde.
Su especialidad es Perito en Administración Legislativa, y otorga títulos oficiales que permiten a los egresados continuar estudios de nivel superior.
LLamanos al 2822-5790

viernes, 7 de agosto de 2015

El gran juego de Leopoldo Marechal - 26 de agosto

Leopoldo Marechal       Adán Buenosayres

A mis camaradas «martinfierristas», vivos y muertos,
cada uno de los cuales bien pudo ser un héroe
de esta limpia y entusiasmada historia
PRÓLOGO INDISPENSABLE

En cierta mañana de octubre de 192., casi a mediodía, seis hombres nos internábamos en el Cementerio del Oeste, llevando a pulso un ataúd de modesta factura (cuatro tablitas frágiles) cuya levedad era tanta, que nos parecía llevar en su interior, no la vencida carne de un hombre muerto, sino la materia sutil de un poema concluido. El astrólogo Schultze y yo empuñábamos las dos manijas de la cabecera, Franky Amundsen y Del Solar habían tomado las de los pies: al frente avanzaba Luis Pereda, fortachón y bamboleante como un jabalí ciego; detrás iba Samuel Tesler, exhibiendo un gran rosario de cuentas negras que manoseaba con ostentosa devoción. La primavera reía sobre las tumbas, cantaba en el buche de los pájaros, ardía en los retoños vegetales, proclamaba entre cruces y epitafios su jubilosa incredulidad acerca de la muerte. Y no había lágrimas en nuestros ojos ni pesadumbre alguna en nuestros corazones; porque dentro de aquel ataúd sencillo (cuatro tablitas frágiles) nos parecía llevar, no la pesada carne de un hombre muerto, sino la materia leve de un poema concluido. Llegamos a la fosa recién abierta: el ataúd fue bajado hasta el fondo. Redoblaron primero sobre la caja los terrones amigos, y a continuación las paladas brutales de los sepultureros. Arrodillado sobre la tierra gorda, Samuel Tesler oró un instante con orgulloso impudor, mientras que los enterradores aseguraban en la cabecera de la tumba una cruz de metal en cuyo negro corazón de hojalata se leía lo siguiente:
ADÁN BUENOSAYRES
R. I. P.
Luego regresamos todos a la Ciudad de la Yegua Tobiana.
Consagré los días que siguieron a la lectura de los dos manuscritos que Adán Buenosayres me había confiado en la hora de su muerte, a saber: el Cuaderno de Tapas Azules y el Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia. Aquellos dos trabajos me parecieron tan fuera de lo común, que resolví darlos a la estampa, en la seguridad de que se abrirían un camino de honor en nuestra literatura. Pero advertí más tarde que aquellas páginas curiosas no lograrían del público una intelección cabal, si no las acompañaba un retrato de su autor y protagonista. Me di entonces a planear una semblanza de Adán Buenosayres: a la idea originaria de ofrecer un retrato inmóvil sucedió la de presentar a mi amigo en función de vida; y cuanto más evocaba yo su extraordinario carácter, las figuras de sus compañeros de gesta, y sobre todo las acciones memorables de que fui testigo en aquellos días, tanto más se agrandaban ante mis ojos las posibilidades novelescas del asunto. Mi plan se concretó al fin en cinco libros, donde presentaría yo a mi Adán Buenosayres desde su despertar metafísico en el número 303 de la calle Monte Egmont, hasta la medianoche del siguiente día, en que ángeles y demonios pelearon por su alma en Villa Crespo, frente a la  iglesia de San Bernardo, ante la figura inmóvil del Cristo de la Mano Rota. Luego transcribiría yo el Cuaderno de Tapas Azules y el Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia, como sexto y séptimo libros de mi Relato.
 Las primeras páginas de esta obra fueron escritas en París, en el invierno de 1930. Una honda crisis espiritual me sustrajo después, no sólo a los afanes de la literatura, sino a todo linaje de acción. Afortunadamente, y muy a tiempo, advertí yo que no estaba llamado al difícil camino de los perfectos. Entonces, para humillar el orgullo de ciertas ambiciones que confieso haber sustentado, retomé las viejas páginas de mi Adán Buenosayres y las proseguí, bien que desganadamente y con el ánimo de quien cumple un gesto penitencial. Y como la penitencia trae a veces frutos inesperados, volví a cobrar por mi obra un interés que se mantuvo hasta el fin, pese a las contrariedades y desgracias que demoraron su ejecución.
La publico ahora, vacilando aún entre mis temores y mis esperanzas. Antes de acabar este prólogo, debo advertir a mi lector que todos los recursos  novelescos de la obra, por extraños que tal vez le resulten algunos, se ordenan rigurosamente a la presentación de un Adán Buenosayres exacto, y no a  intentos de originalidad literaria. Por otra parte, fácil ha de serle comprobar que, tanto en la cuerda poética como en la humorística, he seguido fielmente la tónica de Adán Buenosayres en su Cuaderno y en su Viaje.
Y una observación final: podría suceder que alguno de mis lectores identificara a ciertos personajes de la obra, o se reconociera él mismo en alguno de ellos. En tal caso, no afirmaré yo hipócritamente que se trata de un parecido casual, sino que afrontaré las consecuencias: bien sé yo que, sea cual fuere la posición que ocupan en el Infierno de Schultze o los gestos que cumplen en mis cinco libros, todos los personajes de este relato levantan una «estatura heroica»; y no ignoro que, si algunos visten el traje de lo ridículo, lo hacen graciosamente y sin deshonor, en virtud de aquel «humorismo angélico» (así lo llamó Adán Buenosayres) gracias al cual también la sátira puede ser una forma de la caridad, si se dirige a los humanos con la sonrisa que tal vez los ángeles esbozan ante la locura de los hombres.
L.M.

¿QUÉ ES UN MARTINFIERRISTA?
¿QUÉ ES EL Adán Buenosayres?



Adán Buenosayres  
 Es una de las máximas novelas de la literatura argentina. Fue publicada el 30 de agosto de 1948, aunque los primeros capítulos datan del segundo viaje a Europa de Marechal. El escritor señala que lo comenzó en 1930.
El objetivo primordial fue el de confeccionar una novela contemporánea según las leyes de la epopeya clásica, ámbito en el que el autor poseía gran dominio.
El relato se divide en siete partes o «libros», según la terminología del autor: los cinco primeros están narrados en tercera persona y describen las peripecias de Adán Buenosayres en el lapso comprendido entre un jueves santo y un domingo de resurrección transcurridos desde el 27 hasta el 29 de abril de un año indeterminado sobre la década de 1920. Esta ubicación temporal resulta muy significativa porque el argumento gira en torno al proceso interior del personaje cuando, deambulando por las calles de Villa Crespo se encuentra con la Iglesia de San Bernardo y, con el Cristo de la Mano Rota, eje del mundo que remueve sus cimientos interiores y lo impulsa a buscar el Absoluto. Los libros VI («El Cuaderno de Tapas Azules») y VII («Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia»), en cambio, funcionan como apéndices y están contados en primera persona por el personaje central, el poeta Adán Buenosayres, claro alter ego del autor, como si fuesen obras suyas.

Antigona Velez
Marechal veía al teatro como la única forma literaria social, no unipersonal, ya que en el proceso de una representación intervienen actores, director, escenógrafos, etc. También consideraba, con criterio aristotélico, que todos los géneros literarios son parcelas de la poesía. El teatro es, pues, poesía dramática, aunque se escriba en prosa. Asimismo le complacía la concepción clásica del teatro como reflexión sobre un mito por todos  conocido. Eso explica la génesis de Antígona y del Don Juan.
Marechal sitúa su Antígona en un escenario bien definido: una casa en la pampa, último baluarte en la frontera sur, durante la conquista del desierto, cuando indios y blancos disputaban el derecho al territorio y a la supervivencia. La inserción del mito en estas coordinadas espacio-temporales constituye un acierto, porque la soledad, la frecuentación de la muerte, la dureza de las condiciones de vida, permiten el afloramiento de situaciones límites, donde la tragedia puede desarrollarse.

El relato comienza cuando Ignacio Vélez hermano de Antígona deserta de la civilización y se une a los indígenas. En la contienda, mueren ambos hermanos Ignacio y Martín Vélez. 
Antígona reconoce la acción innoble de su hermano, Ignacio Vélez, y sabe que con su muerte ya ha sido castigado. No se opone a ella ni se rebela. No es contra la ley del hombre contra la que lucha, sino contra el edicto del hombre que afrenta a lo divino. Es esa “ley más vieja” la que Antígona quiere hacer respetar, la ley divina y dice a su hermana Carmen: “La tierra lo esconde todo. Por eso Dios manda enterrar a los muertos, para que la tierra cubra y disimule tanta pena”. 
Antígona (de Sófocles) era la hija de Epido y Yocasta y hermana de Ismene, de Eteocles y de Polinices. Antígona acompañó a su padre cuando éste, al descubrir el crimen y el incesto que había cometido, partió hacia el exilio después de arrancarse los ojos.